Herramienta: ¿Cómo nos puede ayudar un cuadro a innovar?

Yves-Klein

Hace unas pocas semanas estuve en Paris y pude disfrutar de un viaje personal increiblemente feliz.  Quiero aprovechar para contar una pequeña historia de dicho viaje para ejemplificar con el concepto que hago alusión en el título de este post, el de poder usar el arte para inspirarnos en el desarrollo de nuestro trabajo. Con imaginación y sin miedo, claro.

La verdad es que las únicas artes que me han encantado en la vida han sido la literatura, la música y, sobre todo, el cine. Confieso que nunca he sido capaz de disfrutar de verdad la pintura, al menos en su dimensión que me enseñaron en el colegio. Vamos, que voy a los museos y “entiendo y disfruto lo justito”. Y me da envidia sana quien puede o sabe hacerlo.

Con todo, aquel sábado, mientras recorría los pasillos del Centro Pompidou, pensé que quizás la clave podría residir en hacer un ejercicio de imaginación con los cuadros. Que la clave pudiera residir en lo que uno es capaz de sacar de la experiencia de ver un cuadro. Así pues, me planté delante de este lienzo de Yves Klein a ver qué pasaba.

Así, decidí reflexionar sobre qué elementos del mismo podrían inspirarme. Ya que una de las cosas que me apasionan es la innovación aplicada al mundo de los negocios, decidí imaginar qué elementos del cuadro podrían derivar en analogías sobre el mundo empresarial. Me gusta mucho utilizar la analogía porque es una herramienta fabulosa para entender y fijar conceptos. No en vano, aquel que tenga hijos sabrá que es mucho más fácil explicar algo a un chaval con analogías que con un “razonamiento enrevesado” (p.ej: papá, ¿por qué ese señor saca una tarjeta roja del bolsillo? Hijo, esto es como cuándo el policía pone una multa).

A continuación he incluido dichas analogías a modo de anotaciones (recogidas en su momento en una libreta de viajes fantástica que me habían regalado amigos y familia).

yvesklein

Como veis el ejercicio “tiene algo de Test de Rorschach” y es posible que las observaciones digan algo sobre la personalidad de quien escribe. Además, las mismas anotaciones son una mera simplificación de la cantidad de matices y analogías escondidas en el cuadro. En cualquier caso, y como elemento importante al que quiero hacer referencia en este post, entrenar la visualización es a mi modo de ver extremadamente importante para poder innovar. ¿Por qué? Sencillamente, porque cuando algo es realmente innovador, no existe por definición (al menos en el entorno del individuo u organización innovadora) y no hay referencia específica sobre la que poder sentar una base de razonamiento. Al no existir, es mucho más complicado el desarrollo de la idea y, lo que es más importante, su venta.

Hace poco escuchaba a Luis Martin Cabiedes que afirmaba, con toda la razón, que quien viera al principio que Twitter sería un éxito, probablemente era un osado. ¿Por qué? Pues por la dificultad de imaginar a cientos de millones de personas encontrando sentido a comunicarse a través de esta App. A toro pasado es todo muy fácil pero os invito a hacer la reflexión: Si os tele-transportarais a 2006 (año de creación de Twitter) y alguien os dijera que va a hacer una aplicación web para mandar mensajitos de un par de frases, ¿os sonaría a priori como una inversión multimillonaria? 

Pues eso, despertemos nuestra imaginación. Estaría encantado de saber si vosotros veis o imagináis con el lienzo elementos diferentes a los plasmados en las notas anteriores.

Imagen: Cuadro de Yves Klein. Centro Pompidou.

 

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